El debut de Gustavo Álvarez al frente de San Lorenzo de Almagro dejó una sensación ambigua, de esas que no se resuelven en el resultado sino en las formas. El 1-1 ante Deportivo Riestra fue, en los papeles, un punto rescatado. Pero en el desarrollo, fue bastante más que eso: un espejo incómodo.
San Lorenzo tuvo la iniciativa en varios tramos, especialmente en el primer tiempo, donde generó situaciones claras —como el remate de Facundo Gulli o el increíble tiro al palo de Nicolás Tripichio—, pero volvió a chocar con un problema recurrente: la falta de contundencia. Enfrente, Riestra hizo lo que mejor sabe: resistir, incomodar y golpear cuando puede. Y golpeó. A los 30 minutos, Antony Alonso aprovechó una de las pocas secuencias limpias de su equipo y puso en ventaja al Malevo.
El segundo tiempo fue más áspero que jugado. Cortado, lleno de infracciones, cambios y pelotas divididas. Un terreno donde San Lorenzo se sintió incómodo y Riestra, en cambio, se movió con naturalidad. El equipo de Álvarez empujó más por necesidad que por claridad, acumulando gente en campo rival pero sin demasiadas ideas.
Y cuando parecía que el debut se le escapaba entre los dedos, apareció el error. A los 32 minutos, un fallo grosero de Ignacio Arce —que hasta ese momento había respondido con solvencia— le dejó servido el empate a Alexis Cuello, que no perdonó de cabeza. No fue una jugada elaborada, ni una construcción colectiva: fue un regalo. Pero también, en el fútbol, hay que estar ahí para aprovecharlo.

El cierre mostró a un San Lorenzo más preocupado por no perder que convencido de poder ganarlo. Despejes, faltas y una tensión que reflejaba más dudas que ambición. El empate, entonces, terminó siendo justo.
¿Qué deja este partido? Para Álvarez, mucho trabajo por delante. Su equipo insinuó algunas intenciones —cierta búsqueda por las bandas, presión en momentos puntuales—, pero todavía está lejos de ser reconocible. Para San Lorenzo, la sensación de que sigue en deuda consigo mismo: genera, pero no concreta; intenta, pero no fluye.
El empate suma, sí. Pero en Boedo saben que, si quieren aspirar a algo más que sobrevivir partido a partido, van a necesitar bastante más que errores ajenos para rescatar puntos.
