Empató, pero no convenció

El empate 1-1 ante Instituto dejó sensaciones encontradas en el Nuevo Gasómetro. San Lorenzo rescató un punto sobre el final gracias a Luciano Vietto, pero volvió a mostrar un funcionamiento irregular que expone tanto sus carencias como su dependencia de individualidades. El resultado fue justo por lo visto en el trámite, aunque el desarrollo del partido dejó más preguntas que certezas.

Durante el primer tiempo, el equipo azulgrana fue superado en intensidad y claridad por Instituto, que encontró espacios y golpeó con inteligencia a través del contraataque. El gol de Diego Sosa no fue una casualidad, sino la consecuencia de un mejor manejo del ritmo y de un San Lorenzo que volvió a padecer desajustes defensivos y dificultades para imponerse en su propia casa. El palo de Gregorio Rodríguez fue apenas un aviso aislado en un tramo dominado por la visita.

La reacción llegó recién en el segundo tiempo y tuvo nombre propio: Luciano Vietto. Su ingreso cambió la dinámica del partido y le dio al Ciclón algo que le faltaba desesperadamente: jerarquía en los últimos metros. Sin embargo, aun con el control de la pelota, San Lorenzo mostró una alarmante falta de profundidad. Mucha posesión, pocas situaciones claras y una sensación constante de que el empate era más producto de empuje que de ideas.

El gol del delantero fue un premio a la insistencia, pero también un síntoma: sin Vietto, el equipo parece perder rumbo. Es una señal positiva que el refuerzo responda con goles, pero también una advertencia sobre la fragilidad colectiva. Un equipo que aspira a ser protagonista no puede depender exclusivamente de un jugador para rescatar resultados en los minutos finales.

Instituto, por su parte, se llevó una impresión digna. Supo competir, incomodó durante largos pasajes y estuvo cerca de llevarse algo más que un empate. Su planteo fue claro y efectivo, aunque le faltó la estocada final para cerrar un partido que tuvo bajo control durante buena parte del desarrollo.

San Lorenzo sumó, pero no creció. El empate sirve para la tabla, pero no para despejar dudas. La aparición de Vietto es una buena noticia; el funcionamiento colectivo, una deuda pendiente. En Boedo se celebra el punto, sí, pero se impone una reflexión más profunda: si el Ciclón quiere algo más que sobrevivir partido a partido, deberá encontrar una identidad que vaya más allá del heroísmo individual.