Invasión V

La cita de esta tarde es en el José Amalfitani, de Liniers, donde han pasado cosas buenas para San Lorenzo.

La cancha de Vélez es muy linda y ahí se ve bien el fútbol. Con la nueva normalidad y las reglas de un fútbol argentino violento, de barras, y sin visitantes, quizás algunos chicos no sepan esto. Pero la norma del reducto fue un piso ejemplar y cercanía de plastas y populares. Y ahí fuimos locales por unos años.

Los 80 fue una preciosa década de nuestro fútbol, a pesar del descenso, por camisetas Adidas en todos lados, shorts minúsculos, modo camboyano y cualquier otra nostalgia que usted guste agregar. Y fue la del recuerdo más trascendental de San Lorenzo en ese escenario. Gol de Gallego Insúa, de penal, al Porvenir, para sellar el regreso a la máxima categoría, como atestigua la foto del museo Jacobo Urso.


Atrás pongamos ese sufrido último partido de 2013, gestión Pizzi, para ser campeones. Aquella pierna de empates en el sprint final para clasificarnos a la Libertadores eterna, pero también para llevarnos la estampita de San Torrico. Hermano, qué manotazo metió Sebastián para tirar al corner el bochazo de Allione. Esas veces que los arqueros prácticamente hacen un gol.

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El podio de bronce lo dejo para el gol de Bernardo Romeo, sobre la hora, a pase de Berghesio, para el festejo a torso desnudo con revoleo de camiseta. Había público santo, dirigía Russo y Solari jugaba para el Ciclón. Un equipo, aquel, de muy buenos nombres. Lindo desahogo.


Atrás, a modo de bonus track, se puede ubicar un triunfo con goles de Kalinski y Salgueiro, en una tarde que no íbamos con muchas expectativas de sumar 3 puntos y que el uruguayo sentenció en una contra solitaria, luego de una tapada de Migliore que era el triunfo del local. También se sacó la camiseta tras una definición que se coló por abajo del arquero y en la que la pelota entró con lo justo. Quizás una tarde como la de hoy, quién sabe.

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